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jueves, 24 de agosto de 2023

El misterio de la infancia de Jesús

 El misterio de la Infancia de Jesús

Por Giancarlo Reto

 

Mucha gente confunde la palabra misterio con la palabra mentira o ficción. En la Biblia
podemos encontrar errores historiográficos que no coinciden con las épocas o tiempos de la historia, pero los relatos que se cuentan siguen siendo parte de una verdad teológica y antropológica mucho más grande que las exactitudes históricas. Cuando hablamos de un misterio de fe en la Biblia, nos referimos a una verdad o certeza sobre Dios o sobre la naturaleza del ser humano o de lo existente. Por lo tanto, podemos decir que un misterio es una verdad fundamental sobre Dios o sobre el Hombre, que no podemos comprender o explicar del todo y de la cual solo sabemos lo necesario por medio de la fe.

El nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, Dios hecho hombre, es un misterio. Sabemos que Jesús de Nazaret existió en este mundo, pero no tenemos datos exactos de cómo fue su concepción, su nacimiento y su infancia. Los evangelios de Mateo y Lucas son los únicos que nos narran algunos episodios de esta etapa de la vida de Jesús, y aún así, no son datos exactos sino relatos interpretados desde la fe de los primeros cristianos y su visión que tenían sobre Jesús. Dicho esto, podemos comprender bien los relatos de la infancia de Jesús y leerlos desde la fe.

Así pues, cuando leemos la genealogía (antepasados) de Jesús, podemos darnos cuenta que la intención del autor fue dar a conocer que en Jesús se cumplía una de las profecías del Mesías: que sería descendiente de Abraham y del rey David (Mt 1, 1-17). O cuando leemos, que el ángel se le aparece a José o María para anunciarles la concepción de Jesús, el autor deja claro que no es por obra humana, sino por obra del Espíritu Santo, por lo que será llamado Hijo de Dios (Lc 1, 35). También cuando leemos la visita de los magos, el autor nos explica a través de símbolos, que Cristo ha venido para todos los seres humanos de distintas partes del mundo y que todos estamos llamados (la estrella de Belén) a buscar y unirnos para adorar al mismo Dios (Mt 2, 1-12).

Los episodios de la infancia de Jesús son: la genealogía de Jesús, la anunciación, la visitación, el nacimiento de Jesús, la adoración de los pastores, la visita de los reyes magos, la circuncisión del niño en el templo, la huida a Egipto, Jesús perdido y hallado en el templo.

Los dos autores hablan muy poco sobre la infancia de Jesús, lo cual se presta para imaginarnos y preguntarnos distintas cosas sobre lo que pudo pasar en su vida infantil. Lo que ha ellos les interesa no es dar detalles de los quehaceres de Jesús sino dejar claro quién es Jesús y cual en su misión en este mundo. Además, confirmar que Jesús es el Hijo de Dios, desde su nacimiento, y que la obra de Dios en él es un plan de salvación pensado desde antes que viniera a este mundo.

lunes, 14 de agosto de 2023

LAS OBRAS DE MISERICORDIA

Las Obras de Misericordia

Por Giancarlo Reto Miranda

Jesucristo nos dio el camino para vivir la fe y entrar en el Reino de Dios: La Caridad que procede del vocablo latino Caritas que se traduce en Amor.

La caridad no solo es ayudar materialmente, sino que existen diversas formas de esta: emocional, física, espiritual. Lo importante es saber detectar con sensibilidad las necesidades del Prójimo (el próximo), aquel que se encuentra en el camino y que solicita tu ayuda inmediatamente.

La Iglesia Católica ha completado los actos principales de la caridad en 14 clasificados en 2 partes: las obras corporales y las obras espirituales.

Todas las obras de caridad sean del tipo que sean, favorecen al que las recibe y también al que las ofrece, pues, a parte del beneficio que implica al que las recibe, ayuda a forjar y formar el espíritu del que lo ofrece.





miércoles, 2 de agosto de 2023

El Mesías prometido es Jesús de Nazaret

El Mesías prometido es Jesús de Nazaret

Por Giancarlo Reto

La historia de la salvación comienza con la llamada de Dios a Abraham con quien realiza un pacto, una alianza: “A tu descendencia daré esta tierra desde el torrente de Egipto hasta el gran río Éufrates” (Gn 15, 18). Luego, escogerá a los descendientes de Abraham como su pueblo, a quienes educará mediante las dificultades y sufrimientos de la vida en Egipto pero que después los liberará a través de Moisés, llevándolos a la tierra prometida, Canaán. Ahí se establecen como nación luchando por la tierra con otros pueblos, hasta alcanzar la soberanía con sus reyes, especialmente el Rey David, con quien reafirmó su alianza, prometiéndole que de su descendencia saldría un retoño, un rey que gobernaría con justicia, paz y verdad para siempre. El pecado del pueblo hizo que esté a merced de otros reinos más poderosos, como los asirios, 
caldeos, los persas, los griegos y los romanos, de tal manera que, surgieron personajes importantes que denunciaban el pecado del pueblo, pero a la vez anunciaron esperanza de cambio y bendición: los profetas.
Colorful Hand drawn Science Lab Safety Classroom Poster de Giancarlo Reto


«La palabra profeta es griega y significa: “Hablar en nombre de...”. Por tanto, el nombre profeta indica claramente la misión de estos hombres: el profeta es el que habla en nombre de Yavhé; es su voz viva en medio del pueblo, para recordar las promesas entre Dios y su pueblo, para enderezar y corregir.  Por tanto, tiene doble finalidad; ANUNCIAR Y DENUNCIAR. Son hombres de fuerte personalidad y espiritualidad, intermediarios, siervos de Yavhé. Son hombres que, bajo el impulso de Dios, comprenden lo que está sucediendo y transmiten al pueblo un continuo llamado a la conversión, y su misión es discernir la voluntad de Dios sobre el presente del pueblo, para proyectarlo a un futuro de esperanza y de salvación» (P. Rivero)[1].

Por lo tanto, ellos se encargaron de dar esperanza al pueblo en momentos de crisis, anunciando la promesa de un Mesías (palabra hebrea que significa “ungido”, en griego “Cristo”), Salvador, que traería la justicia definitiva de Dios. Sin embargo, cada profeta fue aportando muchas características de este Mesías, algunas literales y otras simbólicas. Así es como la figura del Mesías va transformándose con el tiempo: primero se creía que el Mesías sería un rey, luego otros interpretaron como que sería un sumo sacerdote, otros como un profeta poderoso, otros como un guerrero valeroso y al final se pensó que sería un Mesías Celeste, es decir, venido directamente del cielo con gloria y majestad.

Llegada la plenitud de los tiempos, se fueron cumpliendo las profecías en un hombre llamado Jesús de Nazaret. Un hombre común y corriente, parte del pueblo, pero que destacó en palabra y obra.

Para el cristianismo la llegada del Mesías se cumple en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado por obra del Espíritu Santo en el vientre de María. Las características simbólicas del Mesías que hablan los profetas se cumplen en Jesús:[2]

Observar los videos sobre los profetas y los reyes de Israel para entender quienes fueron estos personajes en la historia del pueblo judío, pero tambien en la historia de nuestra salvación.

      

viernes, 7 de julio de 2023

El camino del pecado nos conlleva a la desgracia

El camino del pecado nos conlleva a la desgracia.

Por Giancarlo Reto


El pecado es la acción mala que una persona realiza a conciencia dejándose llevar por intenciones previas a su acción. El ser humano está llamado a vivir en la Gracia de Dios, es decir, vivir en amistad con Dios, en santidad. Para lograr esto, sabemos que debemos practicar las virtudes cristianas, la oración y sobre todo seguir los pasos de Cristo, haciendo un camino de esfuerzo por hacer el bien y vivir como hijos de Dios. Lo contrario a vivir en la Gracia de Dios es vivir en desgracia, y para esto también se hace un camino, pero hacia la infelicidad, pues lo malo nunca puede darnos algo bueno (Mt 7, 16-18). Las personas podemos maquillar las cosas malas que hacemos haciéndolas parecer algo bueno, pero en el fondo sabemos que lo malo sigue siendo pecado y que sino cambiamos nos va arrastrando hacia un camino de infelicidad. Recordemos que el fin de la santidad es el Cielo, vivir en eternidad con Dios, y que el fin de todo pecado es el Infierno, la muerte eterna lejos de Dios (Rm 6,23).

La Iglesia nos enseña que no hace falta cometer una falta grave para decir que hemos pecado, sino que, muchas veces, para que lleguemos a la gravedad de nuestros actos hemos venido cometiendo muchas faltas leves que poco a poco nos han llevado por un camino de maldad.

Así podemos recordar que la Iglesia nos enseña que existen siete pecados capitales, es decir, pecados que son la “cabeza” o “raíz” de otros pecados mayores, y de los cuales debemos estar atentos para no dejarnos caer. Estos son:

El Orgullo llamado también soberbia es un pecado que nos lleva a pensar que podemos ser más que los demás, y que el resto debe estar a nuestra merced. Este pecado muchas veces se nota en las personas que están a costumbradas a menospreciar a los demás, sin embargo, a veces se puede ocultar en personas aparentemente humildes, cuando estas se niegan a la ayuda o servicio de otros haciendo creer que es por no incomodar o molestar. En el fondo hay un orgullo escondido que le cuesta aceptar que necesita de los demás. La soberbia es el pecado que llevó al ser humano o al mismo Satanás a creer que podían ser igual o más que Dios.

La Avaricia es el pecado que nos hace desear por sobre manera las cosas materiales, acumular riqueza sin necesitarla o sin compartirla. Nos puede llevar a desear poseer personas, riquezas o poder. Al avaro le gusta acumular, guardar y siempre va a desear más, puesto que se siente insatisfecho con lo que tiene.

La Lujuria es el pecado de los placeres carnales. Es cuando damos demasiada importancia a la sensualidad y al erotismo, dejándonos envilecer por nuestros placeres sexuales al punto de vivir nuestra sexualidad de manera insana, llevándonos a pecados mayores contra la castidad. El lujurioso da rienda suelta a sus bajas pasiones, alimentando su mente y corazón de actos impuros para satisfacer sus placeres.

La Ira es el pecado que nos lleva a no tener dominio de nuestras emociones y reacciones de molestia o enfado, agrediendo de manera verbal, gestual o física a nuestros semejantes. La cólera es una emoción normal en las personas frente a algo que nos desagrada o molesta, pero que debemos aprender a controlar para no reaccionar mal con el prójimo.

La Gula es el pecado que nos lleva a un descontrol de los placeres del comer y beber. Es gula cuando comemos o bebemos más de lo que necesitamos a veces en contra de nuestra salud. Los excesos de comida, alcohol y otros vicios están incluidos en este pecado capital.

La Envidia es el pecado que hiere el amor o la caridad. Produce en nosotros fastidio o rabia por el bienestar del prójimo, provocando desde celos infundados hasta el deseo del mal para la otra persona.

La Pereza es el pecado por el cual la persona deja de hacer el bien por flojera y
desinterés. La pereza hace que el ser humano vaya perdiendo el sentido y utilidad de su propia vida debido a que prefiere más el descanso que ayudar a quien lo necesita o gastar su tiempo en cosas verdaderamente importantes. La pereza nos puede llevar a los vicios y pecados de la carne.

De esta manera, el pecado nos puede ir envolviendo al punto de hacernos esclavos de nuestras propias pasiones y tropezar haciendo caer a otros también. El pecado nos vuelve poco a poco dependientes de nuestros vicios y nos va apartando del amor de Dios y de los demás. Por eso, es importante que vivamos las virtudes cristianas para contrarrestar el pecado en nosotros.

jueves, 15 de junio de 2023

EL GÉNESIS NOS MUESTRA QUIÉN ES DIOS.

 EL GÉNESIS NOS MUESTRA QUIÉN ES DIOS.

Por Giancarlo Reto

 


En el génesis encontramos dos relatos de la creación que nos muestran distintas características de Dios. El primer relató se encuentra en el génesis capítulo 1 y el segundo relató se encuentra en el capítulo 2.

El primero nos cuenta que Dios creó el mundo en 6 días y de una manera ordenada. Nos muestra el rostro de un Dios que gobierna, que es todopoderoso, que crea de la nada, que le gusta el orden, pues, es en el orden que la vida puede tomar sentido. Los 6 días pueden ser millones de años de transformación y evolución. Sea de la forma que haya sido la ciencia también nos habla de un orden en el proceso evolutivo de las cosas. Eso quiere decir, que sea del modo que haya sido, Dios sigue siendo el creador de todo lo que existe.

El primer relato nos cuenta que Dios fue preparando de manera ordenada el mundo para al final crear al ser humano a su imagen y semejanza. Esto quiere decir que para Dios somos muy importantes, que no somos cualquier creación, si no criaturas hechas a imagen de Dios. Esto quiere decir, que nos parecemos a Dios, no en lo físico, puesto que él no es materia, si no en lo espiritual, ya que tenemos inteligencia, voluntad, libertad y capacidad de amar.

Este rostro de un Dios creador también nos hace pensar en el rostro de un padre. Dios no sólo ha creado al hombre, sino que lo ha hecho semejante a él y le ha dado potestad sobre todo lo creado para que lo haga producir, lo cuide y lo administre.

<< ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,

el ser humano para que te ocupes de él?

Lo hiciste apenas inferior a un dios,

lo coronaste de gloria y esplendor,

le diste poder sobre las obras de tus manos;

todo lo pusiste bajo sus pies>> (Sal 8)

Dios es creador y Padre a la vez porque ha tratado al ser humano como un hijo, a pesar de que no lo somos y no lo merecemos debido a nuestros pecados. Sin embargo, de lo que sí estamos seguros es de que nos creó por amor ya que sólo el amor es capaz de desbordar un poder infinito y creativo como el de él.

Ambos relatos no buscan dar argumentos científicos de la creación, si no explicar verdades ontológicas de la existencia del universo y del ser humano.

 

Nociones básicas de la Biblia








 

miércoles, 5 de abril de 2023

Caín y Abel: la responsabilidad ante la vida del otro

 Caín y Abel: la responsabilidad ante la vida del otro

Las comunidades virtuales de aprendizaje en la Iglesia

 

Las comunidades virtuales de aprendizaje en la Iglesia

El Año Litúrgico

El Año Litúrgico

Por Giancarlo Reto

 

Las fiestas cristianas han surgido paulatinamente a través de los siglos. Estas nacen de un deseo de la Iglesia Católica de profundizar en los diversos momentos de la vida de Cristo. Se comenzó con la fiesta del Domingo y la Pascua, luego se unió Pentecostés y, con el tiempo, otras más.

La liturgia es la manera de celebrar nuestra fe. No solo tenemos fe y vivimos de acuerdo con ella, sino

que la celebramos con acciones de culto en las que manifestamos, comunitaria y públicamente, nuestra

adoración a Jesucristo, presente con nosotros en la Iglesia. Al vivir la liturgia, nos enriquecemos de los dones que proceden de la acción redentora de Dios.

La palabra Liturgia proviene del griego λειτουργία (leitourguía), que significa «obra del pueblo»; compuesto por λάος (láos) = pueblo, y έργον (érgon) = trabajo, obra. La liturgia es la acción sagrada por

excelencia, ninguna oración o acción humana la puede igualar por ser obra de Cristo y de toda su Iglesia y no de una persona o un grupo. La liturgia invita a hacer un compromiso transformador de la vida, realizar el Reino de Dios. La Iglesia se santifica a través de ella y debe existir en la liturgia por parte de los fieles, una participación plena, consciente y activa. (Misa, los sacramentos, los ritos, etc.)

El Año litúrgico es el desarrollo de los misterios de la vida, muerte y resurrección de Cristo y las celebraciones de los santos que nos propone la Iglesia a lo largo del año.

 

Los Tiempos litúrgicos.

El Año litúrgico está formado por distintos tiempos litúrgicos. Estos son tiempos en los que la Iglesia nos invita a reflexionar y a vivir de acuerdo con alguno de los misterios de la vida de Cristo. Comienza por el Adviento, luego viene la Navidad, Epifanía, Primer tiempo ordinario, Cuaresma, Semana Santa, Tiempo Pascual, Pentecostés, Segundo tiempo ordinario y termina con la fiesta de Cristo Rey.


En cada tiempo litúrgico, el sacerdote se reviste con casulla de diferentes colores:

Ø  Blanco o dorado significan alegría y pureza. Se utiliza en el tiempo de Navidad y de Pascua.

Ø  Verde significa esperanza. Se utiliza en el tiempo ordinario.

Ø  Morado significa luto y penitencia. Se usa en Adviento, Cuaresma y Semana Santa.

Ø  Rojo significa el fuego del Espíritu Santo y el martirio. Se utiliza en las fiestas de los santos mártires y en Pentecostés.

 

Los ciclos litúrgicos

Durante todo el año litúrgico, cada día se leen en las misas diferentes textos bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamentos que están ordenados de acuerdo a cada tiempo litúrgico y según el ciclo litúrgico.

Los ciclos litúrgicos son 3: ciclo A (se leen los textos del evangelio de San Mateo cada domingo); ciclo B (se leen los textos del evangelio de San Marcos cada domingo) y ciclo C (se leen los textos del evangelio de San Lucas cada domingo). Cada año litúrgico las lecturas bíblicas van rotando. El evangelio de San Juan está reservado para fiestas importantes como el tiempo pascual, pentecostés, entre otras.

Al Encuentro del Señor

 Al Encuentro del Señor

Por Giancarlo Reto

 

«Como sea tu Misa, así será tu fe. Como sea tu fe, así será tu moral.
Como sea tu moral, así será tu vida. Y como haya sido tu vida, así será tu eternidad»
Mons. Tihamer Toth


A Dios lo podemos encontrar en todas partes: en la naturaleza, en nosotros mismos, en los demás, en los misterios de la vida, en la grandeza de la creación, en las leyes naturales, en la Biblia, en la oración, pero de una manera especial, perfecta y completa en la Eucaristía, verdadero Cuerpo y verdadera Sangre del Señor Jesús, pues él mismo quiso quedarse de forma sacramental en medio de nosotros (Lc 22,19), sobre todo como alimento para la vida eterna (Jn 6,55-56).

Mucha gente católica dice que basta con rezar en casa y tener buena conducta para estar con Dios, sin embargo, esto no es así, porque en donde encontramos a Cristo vivo y presente es en su Cuerpo y su Sangre. Este lo ha dado como alimento para fortalecer nuestro espíritu y participar de manera prefigurada del banquete eterno en el Cielo. ¿Qué pasa con los que siempre van a Misa, comulgan y siguen siendo malas personas? Jesús nos dice también que “no todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre” (Mt 7,21). Esto quiere decir, que la fe y mis obras deben siempre ir de la mano coherentemente. Si voy a la Misa y comulgo, esto debe llevarme a actuar bien con mi prójimo y en la sociedad, como también debo alimentarme y fortalecer mi alma con Cristo Sacramentado.

La palabra Misa viene del latín Missa (enviar, dejar ir) es decir, al término de la Misa el sacerdote nos dice “Pueden ir en paz” o “Marchaos en paz”, lo cual implica una misión que cumplir fuera de la Misa con nuestra acción.

La asistencia a la Misa comienza en el católico como un hábito de vida que al principio puede darse de manera obligada pero que después, con la catequesis y la práctica se convierte en una necesidad espiritual, hasta que al final el católico diga “NECESITO IR A LA MISA A ENCONTRARME CON MI DIOS Y SEÑOR”.

Si bien la Misa es un ritual de culto a Dios, no quiere decir que sea algo repetitivo sin sentido. El


sentido de toda la Misa se encuentra principalmente en el momento de la Consagración del pan y del vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor, lo cual significa que se vuelve a repetir el sacrificio de Jesús en la cruz así como su resurrección. No necesitamos presentar en el altar animales degollados u ofrendas humanas como hacían las antiguas culturas para sus dioses, sino que la ofrenda perfecta al Padre es la entrega por amor del mismo Hijo, Jesucristo, con su muerte y resurrección, además, de que cada uno de los fieles que asistimos a la Misa somos ofrecidos ante el Señor con nuestros aciertos y desaciertos de vida.

Por eso, la necesidad de ir a la Misa está en que la persona se une de manera plena y sacramental a Cristo Jesús que se da en alimento para la vida eterna: "Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo" (Jn 6,51)

Por tal motivo, cada vez que asistimos a la Misa, es reencontrarnos de manera presencial con el Amado, Jesús. La oración, la lectura de la Biblia, el rezo del rosario u otras prácticas católicas de encuentro con Dios son válidas ya que nos acercan a Dios, pero la Eucaristía es encontrarnos con él de manera más perfecta. Es como cuando llamas a tu enamorado o enamorada por teléfono o le escribes por el chat, sin embargo, esperas con ansias el momento perfecto para encontrarte con él o ella de manera presencial y directa. También es encontrarnos en comunión con los hermanos, con los que compartimos la misma fe y filiación a Dios: “La comunión es, según su esencia, el sacramento de la fraternidad cristiana” (PP. Benedicto XVI).

domingo, 10 de abril de 2022

Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

 

Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

Por Giancarlo Reto

Las palabras del Señor Jesús en la cruz son un reflejo de las necesidades espirituales de la humanidad. La cruz representa el fracaso humano de un hombre que quiso predicar la Verdad, pero también el éxito divino de una Verdad que permanente en la historia. Representa el dolor humano, cruel de un cuerpo desgarrado inocentemente, pero también el gozo del Amor incondicional y entregado. Representa el grito desesperanzador de muchos que mueren injustamente y en soledad, pero también el grito de liberación de un alma salvada por Dios.

Así de paradójico es el momento de la Cruz. Y en esta cuarta palabra nos deja algo desconcertados un Jesús que grita y reclama: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Esta frase debemos verla de dos perspectivas para entenderla: primero, desde una perspectiva humana, sabiendo que es difícil mantenerse firme y de pie cuando el mal nos acecha y los problemas de la vida nos tumban. Y segundo, desde una perspectiva de fe, donde el sentimiento de estar abandonado se vuelca a un salto de suma confianza en las manos del Padre Creador.

Estas palabras, son un grito a Dios, que aún sabiendo nosotros que él no nos abandona, nos agarramos fuerte de su manto y clamamos por su misericordia para sentirnos escuchados, perdonados, ayudados, salvados, amados. Como dije al principio, es un reflejo de las necesidades humanas y espirituales.

Dios no nos abandona, Dios no abandonó a su hijo en ningún momento. Recordemos que él vino a este mundo con una misión, la cual implicaba dar la vida por el ser humano en una muerte de Cruz. Jesús fue consciente de esto y no huyó a su destino. Muchas veces las situaciones que nos pasan en la vida son misteriosas e incomprensibles humanamente hablando, pero cuando las miramos desde los ojos de Dios, cobran un sentido invaluable y trascendente. Desde cualquier filosofía sabemos que la vida terrena nunca va a ser de felicidad permanente, sino que está llena de obstáculos, sufrimiento e injusticia. No a todos nos toca vivir como reyes, y aún los reyes también sufren. El vaivén de la vida, de cosas buenas y malas, nos hacen comprender que nuestra misión consiste en encontrar en primer lugar nuestro sitio o lugar en este mundo, el sentido de nuestra existencia, y en este camino de búsqueda, nos encontramos con la existencia de Dios y de nuestros hermanos, que pueden estar sufriendo igual o más que nosotros mismos.

Jesús llegó al momento culmen de su vida y misión, asumiendo con valor las consecuencias de su predicación y testimonio frente a todo el mundo. Faltando poco para morir reclama a su Padre el abandono que siente como hombre, pero a la vez realiza un acto de suma confianza y dependencia en sus manos.

Queridos hermanos, estamos pues llamados en esta Semana Santa a reflexionar en el abandono como un acto de confianza en Dios: ¿Cuán capaz eres de entregar todo en las manos de Dios? ¿alguna vez has sentido que todo lo has hecho y que solo te queda esperar y abandonarte en Dios? ¿Cuándo llegue el momento de la desolación en tu vida y de la prueba, serás capaz de hacer un acto de suma confianza en el Señor?

Ponte en oración y abandónate en las manos de tu Padre Creador.

miércoles, 30 de marzo de 2022

La semana santa


La Semana Santa
 Por Giancarlo Reto

Se llama así a la “Semana Mayor” de todas las demás del año, porque se celebra y conmemora (se vuelve a hacer realidad) uno de los misterios más grandes de la fe cristiana: la Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, lo cual está directamente relacionado con nuestra salvación.

¿Qué celebramos y conmemoramos?

La pasión, muerte y resurrección de Jesús no solo es para los cristianos un mero recordatorio como quien celebra el aniversario de la muerte de alguien, sino que hay un misterio más profundo de fe que implica volver hacer realidad de manera espiritual el misterio de la salvación del Hombre por medio de la entrega voluntaria y amorosa de Jesús.

Comenzamos desde el Domingo de Ramos que, según el Evangelio, Jesús entró aclamado por la muchedumbre a la ciudad de Jerusalén, pues reconocían en él a un gran profeta. Lo cual días después cambiaría debido a la intriga y juicio de los líderes religiosos del pueblo.

Los días lunes, martes y miércoles santos recordamos episodios como la visita de Jesús a Betania a sus amigos Lázaro, Marta y María, en la que esta última vertió perfume en los pies del Señor. Además, recordamos, la conspiración que los líderes religiosos planean contra Jesús para apresarlo y darle muerte, valiéndose de uno de sus apóstoles llamado Judas Iscariote quien traicionó al Señor Jesús.

El jueves santo conmemoramos la institución de la Eucaristía, el mandamiento del amor y la institución del sacerdocio, cuando en la última cena Jesús partió el pan y repartió el vino como su cuerpo y su sangre, les lavó los pies a sus discípulos y les pidió que lo hagan en su memoria para siempre.

El viernes santo conmemoramos la pasión y muerte del Señor Jesús, quien, habiendo sido acusado y condenado por motivos políticos y religiosos, fue humillado, maltratado y crucificado por orden de Poncio Pilatos, procurador de Judea.

El Sábado Santo por la mañana hasta la tarde se mantiene el silencio sepulcral. A partir de la noche del sábado se realiza la Vigilia Pascual donde conmemoramos la Pascua del Señor (el paso de la muerte a la vida). Esta celebración se extiende hasta el Domingo de Resurrección, donde comienza el tiempo Pascual.

Se llama Triduo Pascual a las celebraciones de los días Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado de Gloria ya que forman una sola celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Todas estas celebraciones se realizan dentro de los templos cristianos católicos a los cuales estamos obligados a asistir.